Voy poniéndome al día después de mis vacaciones. Bastante después de irme, una cruz me marcó el camino -Cuentos de los bares del sur- que seguramente abandonaré porque abandonado lo tengo. Mal trago.Pero hay tesoros, quillo. Emperrado en dos rutas de todos conocidas, ha merecido la pena navegar durante un par de horas por mares que desconocía. Sólo una neblina me inquieta viendo el atrevimiento de los aventureros: qué mundos conquistarían si no tuvieran que enarbolar la bandera subvencionada de la Junta.











